(Por Mercedes Cabezas) – Siempre pasa que el Mundial, en algún punto se lleva puesto varios temas. Ha pasado en la historia de la Argentina ¿no? Uno puede recordar el de 1978. Nos gusta el fútbol, nos gusta el Mundial, hay que decirlo. Hinchamos por Argentina y no queremos que se vuelva en la primera ronda como muchos dicen. Pero sí sabemos que es una herramienta que se usa quizás para tirar una bombita de humo.
Sabemos también y pongo un solo ejemplo, que Adorni renunció horas antes del partido de Argentina justamente para que no se hable de su renuncia, de su pedido de renuncia.
Y esto tiene que ver con las barbaridades que está haciendo este Gobierno. No se trata solamente del trabajo, que sí es un problema de casi el 20% de la planta de la Comisión Nacional de Energía Atómica, sino que se trata también de la entrega de la soberanía nacional y, por lo tanto, de la posibilidad de que se sigan efectuando, incluso privatizaciones encubiertas o que por lo menos no son transparentes.
Hablando con compañeros de otros sindicatos que están luchando por Intercargo, Aerolíneas, NASA, empiezan a aparecer cosas que ya vivimos en los 90, que tienen que ver con entregar a las empresas por incluso menos valor del patrimonio que tienen. Ahí es donde empezás a decir: «Bueno, evidentemente hay un plan de negocios por fuera de esto que tiene que ver o con retornos o con la posibilidad de que la soberanía se la quede algún otro país y empecemos a tener más carácter de colonia que con cualquier otra cosa».
Empezamos a poner el ojo y nos damos cuenta de que no solo hay trabajadores y trabajadoras que hoy no están pudiendo llevar el sustento a sus hogares, sino que también se trata de un problema de todos los argentinos y de las argentinas, no de una familia sola: hay que ponerse la camiseta del Estado.
Es muy importante que se diga, que se escuche y que efectivamente se tenga en cuenta: no somos ñoquis, somos personas de carne y hueso que trabajamos todos los días. Somos personas que, a pesar de los malos salarios, decidimos quedarnos a hacer soberanía nacional, y esto es sostener un Estado. Ponerse la camiseta.
Somos personas que todos los días luchamos por una Argentina distinta, que piense en el futuro, con soberanía, pero también que esa soberanía le llegue a sus hijos e hijas y a cada uno de sus vecinos y vecinas. Y la verdad es que eso es lo que más bronca da, que los argentinos y argentinas no tomen conciencia de lo que implica la entrega.
Cuando hablamos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) hablamos de personas que efectivamente están sosteniendo un sector que es estratégico para la Argentina, pero que además se sostiene desde hace muchos años con muy poca cantidad de plata y con salarios muy bajos. En el mundo privado, durante algún tiempo, los trabajadores y trabajadoras de la CNEA, con la expertiz que tienen y con el nivel de tecnicidad que llevan, podían trabajar en el sector privado —hoy el sector privado está hecho pelota también— pero podían trabajar por una suma mucho más grande de dinero y decidieron quedarse sosteniendo un Estado.
Ya que se habla tanto del «privilegio» de trabajar en el Estado, lo que hay que hacer es poner en valor cuál es la situación de esos trabajadores que, sin estabilidad, con bajos salarios y con mucha precariedad en sus vidas, siguen eligiendo sostener un Estado porque lo que sostienen es una patria y un pueblo. Que se pusieron la camiseta.
Hoy no hay que tenerle miedo a estas palabras, no hay que dar por sentado que porque hablás de pueblo sos peronista, porque hablás de patria, te podés robar todo. Me parece que hay cosas que hay que desmitificar, porque tanto roban los peronistas, pero resulta que Adorni se fue por chorro y además dejó el doble de su planta en el lugar donde trabajaba.