El ex secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló, analizó la delicada situación que atraviesa hoy el gremio metalúrgico y advirtió que la crisis institucional no puede desviar la atención del verdadero problema que golpea al sector: la pérdida salarial y la caída de los puestos de trabajo en la industria.
En diálogo con ELDELEGADO, el histórico dirigente sostuvo que el conflicto originado en la seccional Zárate-Campana tiene un alcance judicial y administrativo puntual y no invalida el funcionamiento general del sindicato. “Lo de Campana fue un problema administrativo y judicial. Se cae la elección del secretariado nacional, pero no las seccionales”, explicó.
Caló remarcó que cada regional cuenta con su propia certificación legal y que la estructura gremial continúa funcionando en todo el país. Según describió, el conflicto se originó por una resolución judicial que terminó suspendiendo el Congreso encargado de elegir autoridades nacionales. “Había una resolución judicial y aun así hicieron el Congreso. Después la Justicia lo anuló”, señaló.
Pero más allá de la disputa interna, el ex titular de la UOM puso el foco en el deterioro que atraviesan los trabajadores metalúrgicos en un contexto de recesión industrial, caída del consumo y apertura de importaciones que impacta sobre las fábricas.
“La preocupación real hoy son los salarios y el trabajo”, dejó entrever durante la charla, en la que también defendió el rol histórico del sindicalismo industrial frente a un escenario económico cada vez más complejo para los obreros del sector.
En distintas regiones fabriles del país, la actividad metalúrgica viene mostrando retrocesos, suspensiones y reducción de horas laborales, mientras las paritarias quedan por detrás de la inflación y los ingresos pierden capacidad de compra mes tras mes. En ese marco, dentro de la UOM crece la preocupación por el futuro de miles de operarios vinculados a la producción manufacturera.
Caló también hizo referencia a los cambios políticos y sociales que atravesó el país desde el regreso de la democracia y sostuvo que el sindicalismo debe preservar su capacidad de representación en tiempos de crisis. “La democracia cambió todo, aunque los tiempos fueron cambiando”, reflexionó.
Las declaraciones aparecen en medio de fuertes tensiones dentro del gremio metalúrgico, atravesado por disputas judiciales, diferencias políticas y un contexto económico que golpea de lleno a una de las actividades industriales más sensibles del país. Mientras tanto, en las fábricas la preocupación pasa menos por las internas sindicales y mucho más por la pérdida del poder adquisitivo y la continuidad laboral.