MÁXIMO KIRCHNER SACUDIÓ AL PERONISMO, DESAFIÓ A MILEI Y LANZÓ UNA CONSIGNA PARA 2027 QUE RETUMBÓ EN LANÚS

En un multitudinario homenaje a Néstor Kirchner, el diputado nacional reivindicó el legado de su padre, denunció el deterioro de los salarios y el endeudamiento de las familias y convocó a reconstruir una alternativa popular. El triunfo de Lula en Brasil apareció como una señal política para la Argentina y Cristina Fernández de Kirchner ocupó el centro de su mensaje.

El microestadio de Lanús volvió a convertirse en una tribuna de la militancia peronista. A 16 años de la muerte de Néstor Kirchner, su hijo Máximo encabezó un acto que comenzó como un homenaje al expresidente y terminó con un mensaje político dirigido al gobierno de Javier Milei, a los sectores de poder económico y también a la propia dirigencia del justicialismo. Con Cristina como referencia central y la reciente victoria electoral de Lula da Silva en Brasil como ejemplo, el diputado planteó la necesidad de recuperar la iniciativa política y volver a poner los ingresos de los trabajadores en el centro de las prioridades nacionales.

La convocatoria reunió a militantes de La Cámpora, dirigentes del Frente Renovador, representantes de Patria Grande, intendentes bonaerenses y organizaciones políticas y sociales. Pero más allá de las presencias, el mensaje estuvo dirigido a quienes, según Máximo, siguen esperando que el peronismo recupere su capacidad de representar a los sectores populares.

El legislador comenzó recordando la trayectoria de Néstor Kirchner, desde sus primeros pasos en Río Gallegos hasta su llegada a la Casa Rosada en 2003. Evocó aquella Argentina golpeada por la desocupación, la pobreza, las cuasimonedas y el endeudamiento, y reivindicó la decisión de su padre de asumir responsabilidades cuando pocos creían posible reconstruir el país.

La comparación con el presente fue inevitable. Máximo contrapuso la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional durante el gobierno de Néstor con la situación económica que atribuyó a la administración libertaria. También cuestionó las consecuencias sociales del ajuste y reclamó al Presidente que abandone las provocaciones contra quienes atraviesan dificultades económicas.

Su intervención tuvo uno de los momentos más duros cuando describió el endeudamiento de las familias, las provincias y el Estado nacional. Para Kirchner, el problema argentino no puede reducirse al equilibrio de las cuentas públicas mientras los salarios y las jubilaciones pierden capacidad de compra.

Desde esa perspectiva, reclamó una nueva distribución del esfuerzo económico. Sostuvo que los trabajadores vienen soportando buena parte de los costos de las sucesivas crisis y que los sectores de mayores ingresos deben asumir una responsabilidad diferente. La recuperación salarial, insistió, debe convertirse en una prioridad de cualquier proyecto político que pretenda representar al pueblo.

El dirigente también cuestionó que la riqueza energética del país no se traduzca en mejores condiciones de vida. Señaló el crecimiento de Vaca Muerta y el potencial de las reservas argentinas de petróleo y gas, pero advirtió que esos recursos deberían servir para abaratar la energía de las empresas, fortalecer la industria nacional y ampliar las oportunidades de trabajo. En su discurso, la soberanía energética apareció vinculada directamente con la justicia social.

La figura de Cristina Fernández de Kirchner atravesó buena parte de la intervención. Máximo transmitió el saludo de la expresidenta a la militancia, cuestionó las restricciones judiciales que enfrenta y defendió su capacidad de conducción política. También lanzó una advertencia hacia el interior del peronismo, al recordar la fragmentación electoral de 2003 y pedir que no se repita aquella experiencia.

El reciente triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil ocupó un lugar especial. Kirchner recordó que el mandatario brasileño atravesó derrotas electorales, estuvo preso y posteriormente regresó al poder. Destacó especialmente que el Partido de los Trabajadores mantuvo su unidad durante ese proceso y utilizó esa experiencia como referencia para la reorganización del peronismo argentino.

El mensaje también incluyó una autocrítica por la experiencia del Frente de Todos. Máximo reconoció la responsabilidad política de su espacio durante el gobierno de Alberto Fernández, pero reclamó que los grandes grupos económicos y mediáticos también asuman sus responsabilidades por el rumbo actual del país.

Hacia el final, el discurso adquirió un tono más personal. El diputado recordó el esfuerzo de su padre durante sus años de militancia y gobierno, y expresó que aquella entrega no podía quedar reducida a una evocación del pasado. Su planteo fue que el legado de Néstor debe traducirse en organización política, compromiso y capacidad de transformar nuevamente la realidad argentina.

La intervención concluyó con un intercambio entre Máximo y la militancia, que respondió afirmativamente cuando preguntó si estaban dispuestos a defender la patria, trabajar por un regreso del peronismo al gobierno, reclamar la libertad de Cristina y promover su retorno a la Presidencia.

El homenaje dejó así una definición política que excedió el recuerdo de Néstor Kirchner. Máximo buscó instalar la recuperación del salario, la defensa de los recursos nacionales, la unidad del peronismo y la situación de Cristina como ejes de la construcción opositora hacia 2027. En Lanús, el kirchnerismo volvió a exhibir su identidad política y su voluntad de disputar el futuro del país.