DE LA CIUDAD DE LA FURIA A LA CIUDAD DE LOS ABRAZOS

(Por Mario Mazzitelli-Partido Socilaista Autentico) -Cuando discuta con una persona con pensamientos políticos distintos a los míos, al final le voy a preguntar: ¿Nos podemos dar un abrazo?

Si alguien tiene ideas religiosas distintas a las mías, igual le preguntaría: ¿Nos podemos dar un abrazo?

Cuando me encuentre con alguien de un género distinto al mío, le voy a decir: ¿Nos podemos dar un abrazo?

Si mi interlocutor tiene un color de piel distinto al mío, le preguntaría: ¿Nos podemos dar un abrazo?

Si me encuentro en Buenos Aires con un extranjero que me pregunta por una calle, después de contestarle, le preguntaría con una sonrisa: ¿Nos podemos dar un abrazo?

A un indigente, un desamparado o una persona en situación de calle, le preguntaría ¿Nos podemos dar un abrazo?

También les sugeriría a otros que piensen en abrazarse. Por ejemplo, a un gendarme cargado con sus pesados borceguíes y sus prendas de represión, le diría: “deja ese escudo y ese bastón. No le pegues a un jubilado que puede ser tu abuelo. Anda y preguntale si se pueden dar un abrazo. Seguramente todo cambia, un minuto después.”

De la misma forma, a una persona de buen pasar, la invitaría: “anda a un barrio popular, mira a los ojos a un pibe pobre y pregúntale ¿Te puedo dar un abrazo? Después no vas a pensar igual sobre bajar la edad de imputabilidad”.

Quienes lean estas líneas pueden pensar en mil abrazos más. Pensar en los millones de abrazos que nos debemos y empezar a pagarlos. Un abrazo no cuesta nada. Como no cuesta una mirada, una caricia, una palabra de aliento.

Si pudiéramos hacer de Buenos Aires la “Ciudad de los abrazos”, ya no seríamos la Ciudad de la Furia. Seríamos una ciudad mejor. Más sana, más limpia, más bella, más educada, más culta, más desarrollada económicamente y moderna. Una Ciudad más vivible. Claro que hay que planificar y trabajar mucho para lograrlo. Pero bien podemos parar un minuto para abrazarnos. Hasta podríamos instituir el lema que: “un abrazo vale más que mil palabras”.

Si; necesitamos instituciones justas y eficientes, elevar la calidad educativa, crear muchas fuentes de trabajo, resolver el problema de la vivienda, mejorar el sistema de salud, brindar seguridad y potenciar oportunidades. Pero no estoy pensando en una capacidad técnica (que felizmente la tenemos) estoy hablando de una predisposición del alma. Claro que conozco la dialéctica de las contradicciones y el papel de la violencia a lo largo de la historia. Pero el salto civilizatorio no es optativo. Es la gran apuesta por la vida. Y aunque siempre habrá “mala gente que camina y va apestando la tierra” como dice Antonio Machado, también nos podemos proponer una sociedad con muchas personas buenas (en las instituciones y fuera de ellas) que se dispongan al bien común.

Si hiciéramos de Buenos Aires la “Ciudad de los abrazos”, le podríamos proponer a la Argentina ser el país de los abrazos. Y al mundo. Para intentar desterrar de la sociedad humana el flagelo de la guerra, del dolor inútil, del hambre, de la pobreza, de las enfermedades erradicables, de la avaricia, la contaminación y de tantas injusticias heredadas.

Una sociedad donde lo necesario para un buen vivir resulta fácil de obtener. Y nuestra existencia la dedicamos a defender la vida; multiplicarla, dignificarla y embellecerla.

Donde la cooperación fructífera reemplaza a la confrontación estéril. Y hasta la competencia, que es un gran estímulo para la vida, sea cooperativa. Como en las olimpiadas. Y después de cada competencia: un abrazo!!! Y si el abrazo es mucho, un buen apretón de manos no se le niega a nadie.

Alguien dijo: un mundo mejor es posible. Nuestro deber es empezar por Buenos Aires. Y un buen abrazo no solo nos hace mejores personas, nos devuelve la esperanza y la energía, tan necesarias en estos tiempos.