Mientras el Gobierno celebra el ajuste como dogma y mercado, los datos oficiales dibujan otra postal: cierre de empresas, despidos en cadena y un tejido productivo que se deshilacha a velocidad récord.
La promesa de la “motosierra” aplicada sin anestesia empieza a mostrar su verdadero costo. En los primeros 23 meses de gestión de Javier Milei, la Argentina perdió 21.046 empleadores, lo que equivale a 30 empresas menos por día, según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo analizados por el CEPA.
. No se trata de una metáfora ni de un slogan opositor: es la contabilidad cruda de un modelo que, lejos de dinamizar la economía real, avanza sobre su estructura básica.
El derrumbe no se limita a los balances empresariales. En el mismo período, desaparecieron 272.607 puestos de trabajo registrados, casi 400 empleos formales por día. La contracción alcanza al 2,77 por ciento del empleo en unidades productivas, un golpe directo a la clase trabajadora y al consumo interno, motor histórico de la actividad económica.
Los sectores más castigados no son marginales ni improductivos. Transporte y almacenamiento, comercio, industria manufacturera, construcción y servicios profesionales encabezan la lista de bajas. Es decir, las actividades que sostienen la circulación de bienes, la producción y el empleo urbano. En transporte, por ejemplo, la caída supera el 12 por ciento de los empleadores, una señal de alarma para cualquier economía que aspire a crecer.
Detrás de las cifras aparece un patrón claro: las pequeñas y medianas empresas son las principales víctimas del ajuste. El 99,6 por ciento de los cierres corresponde a firmas de hasta 500 trabajadores. Son talleres, comercios, pymes familiares y emprendimientos regionales que no resisten la combinación de recesión inducida, apertura importadora, tarifazos y retirada del Estado. El discurso de la “libertad” se vuelve abstracto cuando el mercado queda concentrado y miles de persianas bajan para no volver a abrir.
El impacto social ya se expresa en el territorio. Un Mapa Federal de Empresas en Crisis da cuenta de al menos 677 conflictos laborales en las 24 provincias durante 2024 y 2025: despidos, suspensiones, atrasos salariales y cierres definitivos. No hay región ajena al fenómeno. La crisis no distingue color político ni tamaño de ciudad.
Paradójicamente, mientras se desmantela el entramado productivo privado, el Gobierno insiste en presentar estos números como daños colaterales inevitables de una supuesta “sanación” económica. Sin embargo, la experiencia histórica argentina es contundente: sin empresas no hay empleo, y sin empleo no hay estabilidad ni futuro.
A dos años del inicio del experimento libertario, el saldo empieza a ser inocultable. La motosierra no solo recortó el gasto: avanza sobre el trabajo, la producción y la supervivencia de miles de empresas. En la Argentina de Milei, el ajuste dejó de ser una consigna y se convirtió en una estadística cotidiana. Treinta veces por día.