MURIÓ LUCIO GARZÓN MACEDA, UNA VIDA ENTERA JUNTO A LOS TRABAJADORES Y A LA LUCHA SINDICAL

El histórico abogado laboralista falleció a los 95 años en Villa Allende. Fue asesor de la CGT y de numerosos gremios y una figura decisiva en la articulación que hizo posible el Cordobazo. Defendió a dirigentes perseguidos, padeció la cárcel y el exilio y sostuvo hasta sus últimos años el protagonismo del movimiento obrero en la historia argentina.

Lucio Garzón Maceda murió este lunes, a los 95 años, en su casa de Villa Allende, Córdoba. Con su partida desaparece una de las figuras que conocieron desde adentro y ayudaron a construir uno de los capítulos más trascendentes de la historia del movimiento obrero argentino: el Cordobazo.

Abogado laboralista, asesor de la CGT y de numerosas organizaciones gremiales, Garzón Maceda dedicó más de siete décadas a la defensa de los trabajadores y a la construcción de puentes entre dirigentes sindicales de distintas corrientes. Su nombre quedó ligado para siempre a aquella jornada del 29 de mayo de 1969 en la que los trabajadores y estudiantes cordobeses enfrentaron a la dictadura de Juan Carlos Onganía y pusieron en jaque a uno de los regímenes más autoritarios de la historia argentina.

Pero reducir su trayectoria al Cordobazo sería injusto. Su vida estuvo atravesada por los principales conflictos del sindicalismo argentino, por la persecución política, la cárcel, el exilio y también por la recuperación democrática. Fue, ante todo, un hombre que eligió poner su profesión al servicio de quienes trabajaban y de las organizaciones que los representaban.

El hombre detrás del Cordobazo

Garzón Maceda fue una pieza importante en la articulación entre tres dirigentes que resultarían fundamentales para aquella rebelión obrera: Elpidio Torres, de SMATA; Agustín Tosco, de Luz y Fuerza; y Atilio López, de la UTA.

En una época marcada por las divisiones internas del sindicalismo, logró contribuir a que distintas tradiciones confluyeran en una acción común. Torres y López pertenecían a una central diferente de la que integraba Tosco, pero las diferencias no impidieron construir una unidad que terminó convirtiéndose en una formidable demostración de fuerza de los trabajadores.

La noche anterior a la movilización, Garzón Maceda participó de una reunión con dirigentes gremiales en una parrilla del centro de Córdoba. Allí se analizaron las posibilidades de la jornada que se avecinaba. Para él, ese dato resultaba fundamental para desmontar una interpretación que durante años presentó al Cordobazo como una explosión improvisada.

“No tuvo nada de espontáneo, se cae solo. El mito lo crearon los derrotados en la calle y lo construyeron desde las universidades”, sostuvo años después en una entrevista con Canal 10, recuperada por Cba24n.

Su reconstrucción colocaba en primer plano a los trabajadores y a sus organizaciones. La huelga activa había sido preparada por los principales referentes gremiales y encontró un poderoso motivo de indignación en el intento de eliminar el denominado sábado inglés y en la represión contra una asamblea de trabajadores de SMATA.

“Esa noche se terminó la paz de Onganía; el trabajador de SMATA se hartó porque le querían sacar el sábado inglés y encima lo reprimían”, recordó.

La fuerza de la unidad obrera

En la mirada de Garzón Maceda, el protagonismo de los trabajadores mecánicos resultaba inseparable de la figura de Elpidio Torres.

“Sin el SMATA y sin Elpidio Torres no hubiera habido Cordobazo”, afirmó, recuperando una frase que atribuía a Agustín Tosco.

Pero su aporte no estuvo solamente en interpretar aquellos acontecimientos. También fue uno de los hombres que trabajaron para que las distintas vertientes del sindicalismo pudieran encontrarse en un objetivo común.

“La pretendida división o enfrentamiento; lo piensan López y Torres entre la primera y segunda semana de mayo y lo invitan a Tosco que estaba en la otra CGT y él invita a los estudiantes. Por eso terminan todos juntos”, explicó.

Aquella unidad tuvo una consecuencia que excedió ampliamente las reivindicaciones particulares de cada gremio. El movimiento obrero cordobés dejó de actuar solamente en defensa de sus condiciones laborales y pasó a ocupar el centro de una lucha colectiva contra la dictadura.

Ese fue, precisamente, uno de los significados que Garzón Maceda reivindicó con mayor fuerza durante toda su vida.

“Nadie reivindica el Cordobazo por los incendios. Lo que la gente festeja es que un sector de la clase trabajadora se constituyó en vanguardia, no por sus intereses corporativos, sino por las libertades públicas de toda la sociedad frente a una dictadura”, sostuvo.

Para el abogado, allí estaba la verdadera dimensión histórica de aquella jornada: trabajadores organizados que, desde sus reclamos concretos, fueron capaces de asumir una responsabilidad política frente al conjunto de la sociedad.

Contra la dictadura y junto a los perseguidos

Garzón Maceda tampoco fue un espectador de la represión que siguió al Cordobazo. Su compromiso con el movimiento sindical lo convirtió en uno de los tantos dirigentes y profesionales perseguidos por la dictadura de la denominada Revolución Argentina. Fue detenido y continuó, aun bajo esas condiciones, ligado a la defensa de dirigentes gremiales.

Su historia volvería a cruzarse con la persecución durante la última dictadura militar. Debió exiliarse en Francia y desde allí continuó sosteniendo su compromiso político y profesional. Con el regreso de la democracia volvió al país y retomó su actividad como abogado laboralista entre Córdoba y Buenos Aires.

Más tarde ocupó funciones públicas durante los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, aunque nunca abandonó su vínculo con las organizaciones sindicales ni su tarea de asesoramiento y defensa de los trabajadores.

Su recorrido atravesó así distintas etapas de la Argentina: el ascenso de la conflictividad obrera, las dictaduras, la resistencia sindical, el exilio y la recuperación democrática.

Una memoria que queda en el movimiento obrero

En los últimos años, ya alejado de la actividad profesional, Garzón Maceda permanecía en su casa de Villa Allende. Desde allí conservaba la memoria de una época en la que el movimiento obrero cordobés fue capaz de desafiar a una dictadura y modificar el curso de la historia.

Su muerte deja un vacío difícil de llenar. No solamente porque desaparece uno de los protagonistas y testigos de la organización del Cordobazo, sino porque se va un abogado que entendió su profesión como una herramienta para defender a quienes viven de su trabajo.

Garzón Maceda fue parte de una generación para la que la solidaridad entre trabajadores no era una consigna, sino una práctica. Supo que las diferencias políticas podían quedar en segundo plano cuando estaba en juego la dignidad de quienes trabajaban y que la unidad sindical podía convertirse en una fuerza capaz de enfrentar incluso a un Estado represivo.

Por eso su legado excede los libros de historia. Está en la memoria de las organizaciones gremiales, en los dirigentes que defendió, en las luchas que acompañó y, sobre todo, en aquella Córdoba de mayo de 1969 donde los trabajadores dejaron una marca imborrable.

Con Lucio Garzón Maceda se va uno de los últimos hombres que conocieron desde adentro cómo se construyó aquella rebelión. Queda, en cambio, una enseñanza que él mismo se encargó de reivindicar durante décadas: cuando los trabajadores logran organizarse, superar sus diferencias y caminar juntos, pueden dejar de ser espectadores de la historia para convertirse en protagonistas de ella.