Desde Plaza de Mayo, el líder camionero encabezó un mensaje frontal contra el poder político y judicial, y se posicionó como uno de los principales articuladores del nuevo ciclo de protesta sindical
En una Plaza de Mayo colmada por la conmemoración del Día del Trabajador, Pablo Moyano se plantó al frente del escenario gremial con un discurso sin concesiones y dejó en claro que el movimiento obrero atraviesa una etapa de definiciones. Con tono firme y respaldo de buena parte de las organizaciones sindicales, el número dos de Camioneros no solo cuestionó al Gobierno, sino que también trazó una hoja de ruta que apunta directamente a la profundización del conflicto.
Lejos de limitarse a una jornada simbólica, Moyano impulsó la necesidad de avanzar hacia un paro general en el corto plazo, convencido de que el malestar social ya no admite dilaciones. Según expresó, la mayoría de los gremios coincide en que la situación económica —marcada por la pérdida del poder adquisitivo, el deterioro del empleo y el cierre de empresas— exige una respuesta contundente. En ese marco, se mostró como uno de los dirigentes con mayor capacidad de canalizar ese reclamo y transformarlo en acción concreta.
“El reclamo no puede quedar en una movilización”, dejó en claro ante la multitud, al tiempo que sostuvo que el plan de lucha debe tener continuidad. Su intervención no pasó inadvertida dentro de la conducción de la CGT, donde su figura vuelve a cobrar centralidad en medio de un escenario de tensiones internas y redefiniciones estratégicas.
El dirigente camionero también elevó el tono contra distintos actores del sistema político. Cuestionó con dureza a gobernadores, legisladores y al Poder Judicial, a quienes responsabilizó por decisiones que, según planteó, perjudican directamente a los trabajadores. En particular, apuntó contra sectores del peronismo que acompañaron la reforma laboral, marcando una línea divisoria dentro del propio espacio opositor.
“Los trabajadores no se olvidan de quiénes los respaldan y quiénes los traicionan”, lanzó, en una frase que resonó entre las columnas sindicales. Con esa definición, Moyano no solo endureció su postura frente al oficialismo, sino que también envió un mensaje hacia adentro del peronismo, donde las diferencias comienzan a hacerse cada vez más visibles.
En ese mismo tono, cargó contra el presidente Javier Milei, a quien acusó de minimizar la gravedad de la situación social y económica. También apuntó contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, desestimando su informe de gestión y calificándolo como una puesta en escena sin respuestas de fondo.
Pero más allá de las críticas, el eje de su intervención estuvo puesto en la construcción de una alternativa. Moyano llamó a ordenar el peronismo de cara al futuro electoral y propuso una gran interna que permita sintetizar liderazgos y ofrecer una propuesta competitiva. En ese punto, mencionó a figuras como Axel Kicillof, Sergio Massa y Dante Gebel como posibles protagonistas de ese proceso.
“Que se junten, que discutan y que sea el pueblo el que elija”, planteó, marcando la necesidad de superar disputas personales en favor de una estrategia común.
En ese entramado, la figura de Moyano emerge como uno de los dirigentes con mayor capacidad de articulación dentro del sindicalismo combativo. Su discurso no solo sintetizó el malestar de amplios sectores, sino que también dejó en claro que el movimiento obrero busca recuperar protagonismo en la escena política.
Con la Plaza como escenario y el respaldo de una base movilizada, el líder camionero volvió a ubicarse en el centro del tablero gremial. Y desde allí, empuja una definición que ya resuena en los pasillos sindicales: la posibilidad concreta de un paro general como punto de partida de una nueva etapa de confrontación.