Un psiquiatra y escritor advierte sobre cómo la euforia por los dos últimos torneos actuaron como un importante dinamizador del juego online en menores, facilitado por el uso de billeteras virtuales y la falta de controles efectivos. Está presentando un libro que invita a un juego de cartas con un perfil saludable para el crecimiento y el desarrollo.
El fenómeno del consumo de los niños y adolescentes a las plataformas de apuestas on line pasó de ser un problema menor a convertirse en una verdadera alarma social y sanitaria. El punto de inflexión comenzó con Qatar 2022, que fue la primera Copa del Mundo donde las plataformas de apuestas estuvieron masivamente disponibles en el país, y el impacto se disparó de manera exponencial con el último mundial.
“Organismos de salud y de infancia en la Argentina, como la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y UNICEF, han observado esta situación: Según el estudio Kids Online Argentina de UNICEF, 1 de cada 4 adolescentes (el 24%) afirma haber apostado dinero en línea alguna vez. Antes de la llegada de estas plataformas, la ludopatía afectaba principalmente a adultos mayores de 40 o 50 años en casinos tradicionales. Hoy en día, los centros de adicciones y profesionales recibimos consultas de familias con chicos de entre 12 y 17 años atrapados en deudas, ansiedad y juego compulsivo”, explica el Dr. Fede Beines, psiquiatra con especialización infanto – juvenil, escritor y asesor médico de Sedronar.
Su editorial, El Pulpo Literato, está presentando un nuevo libro de la serie Dardo llamado “Dardo y el desafío monstruoso”, en el que Camilo Beines de 12 años, hijo del médico, aporta una innumerable cantidad de monstruos dibujados por él mismo. “Este libro lo acompañamos con un juego de 70 cartas. La propuesta es justamente pensar en un juego que sea sano para el desarrollo de nuestros hijos. La idea no es prohibir pantallas o plataformas sino acompañarlos en un juego distinto al que podría implicar un consumo problemático. Cuando uno juega a las cartas, está interactuando con otros, está generando expectativas y armando estrategias, postergando la gratificación. Este tipo de juego tiene complicidades y un sistema de recompensa, pero a partir de ganar de una manera saludable en una interacción con el otro”, agrega el Dr. Beines.
El profesional explica que el juego es indispensable en la infancia, “pero debe ser saludable para transformarse en una función psíquica primordial que reúne sistemas variados de funcionamiento de procesos mentales”. De esta forma, “el proceso mental involucrado en la apuesta termina siendo un aprendizaje por recompensa variable. Esto significa que el niño mantiene la atención en esa pantalla en forma obsesiva porque la recompensa puede venir en cualquier momento, o puede no venir nunca. El problema no es la dopamina esencial en cualquier aprendizaje, sino la dopamina puesta en un sistema erróneo”, agrega Beines.
La cancha en el celular: del juego a la adicción
Durante el desarrollo de los últimos dos mundiales, la experiencia de “mirar un partido” cambió drásticamente para las nuevas generaciones. Ya no se discutió únicamente la táctica del DT o la calidad de un jugador; la conversación cotidiana entre los jóvenes durante los torneos giró en torno a cuánto paga el empate, cuántos tiros de esquina habrá en el primer tiempo o quién recibirá la próxima tarjeta amarilla.
“Las plataformas de apuestas no sólo venden la promesa de ganar dinero rápido; venden adrenalina en tiempo real. La posibilidad de apostar jugada a jugada estimula los circuitos de recompensa inmediata en el cerebro, generando un mecanismo de enganche similar al de las sustancias psicoactivas”, nos explica el Dr. Federico Beines.
De esta forma, así como la Unicef alertó sobre el tema, también estudios recientes y relevamientos del Observatorio Humanitario de Cruz Roja muestran datos alarmantes:
- 6 de cada 10 estudiantes secundarios están expuestos o han tenido contacto directo con plataformas de apuestas en línea.
- Alrededor del 20% al 25% de los adolescentes reconoce haber apostado dinero real al menos una vez.
- La mitad de los menores que apuestan admite haber utilizado cuentas o dinero facilitado por adultos (padres, hermanos mayores o “cajeros” informales en redes sociales) para eludir los controles de edad.
“La maquinaria publicitaria es incesante. Las casas de apuestas patrocinan a las selecciones nacionales, a los principales clubes de fútbol, figuran en el pecho de las camisetas y contratan a reconocidos streamers, influencers y exfutbolistas como embajadores de marca. Esta omnipresencia logra naturalizar el juego de azar como si fuera una extensión biológica del deporte. Si el ídolo futbolístico de un chico de 14 años invita a “confiar” e ingresar a una app de apuestas, la línea entre la pasión deportiva y la adicción financiera se borra por completo. Toda esta dinámica generó muchísimas consultas de padres preocupados en los últimos meses”, cuenta el psiquiatra y escritor.
Y finaliza diciendo: “La solución a todo esto no es prohibir, sino encontrar nuevas herramientas que generen esa dopamina en los chicos pero que al mismo tiempo sean saludables para su crecimiento”.