León XIV comenzará mañana una visita que incluirá un encuentro con el mundo del trabajo y actividades junto a personas que necesitan cuidado y acompañamiento. Desde una mirada peronista, su presencia invita a recuperar tres banderas que siguen pendientes de realización plena, la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Por Tomás Casanova | ELDELEGADO
Mañana, domingo 8 de noviembre, la llegada del papa León XIV pondrá a la Argentina ante una pregunta que atraviesa su historia y entra todos los días a los hogares trabajadores. ¿Para quién se organiza la economía? La respuesta se encuentra en el salario que alcanza o se termina antes de fin de mes, en la posibilidad de conseguir empleo y en la tranquilidad de saber que una enfermedad no dejará a una familia a la intemperie.
El arribo está previsto para las 16.30 en Aeroparque. Después, el pontífice visitará el monumento a San Martín, mantendrá una reunión con el presidente Javier Milei y participará de un encuentro con autoridades y representantes de la sociedad civil. Esa será la apertura de una estadía que se extenderá hasta el miércoles 11.
Desde una lectura peronista, la visita tiene una dimensión que supera el protocolo. La dignidad de quienes trabajan, el cuidado de los más vulnerables y la responsabilidad de construir una comunidad permiten reconocer puntos de encuentro con una doctrina que hizo de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política sus banderas fundamentales.
Esa relación no necesita adjudicarle al Papa una identidad partidaria ni anticipar palabras que todavía no pronunció. Tiene una expresión concreta en la expectativa de millones de argentinos que quieren vivir de su trabajo, criar a sus hijos y llegar a viejos con derechos.
Para el movimiento obrero, habrá una cita especialmente significativa. El lunes 9, a las 16.10, León XIV tendrá un encuentro con el mundo del trabajo en la Universidad Católica Argentina. Antes visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole y celebrará una misa en el Monumento de los Españoles.
Que el trabajo tenga un lugar propio en la agenda permite poner sobre la mesa lo que demasiadas veces queda reducido a una planilla. Detrás de cada puesto hay una persona. Detrás de cada salario hay alimentos, alquiler, transporte y proyectos. Cuando se discuten derechos laborales, se discute cómo va a vivir una familia.
El peronismo tiene mucho que decir sobre eso. La organización sindical, los convenios colectivos, las vacaciones pagas y la jubilación expresan una decisión política que los trabajadores hicieron propia y defendieron durante generaciones. El progreso debe llegar a quienes producen la riqueza.
Por eso la justicia social conserva toda su fuerza. Una economía puede exhibir buenos resultados para algunos sectores y, al mismo tiempo, dejar a miles de hogares haciendo cuentas para comprar lo indispensable. La medida de un país también está en sus mesas familiares, en sus escuelas y en sus hospitales.
La independencia económica lleva esa discusión un paso más allá. Para sostener salarios dignos hacen falta producción, industria, pequeñas y medianas empresas, desarrollo tecnológico y un mercado interno con capacidad de compra. Cada fábrica que crece puede abrir oportunidades para una comunidad. Cada persiana que baja deja consecuencias que se extienden mucho más allá de su dueño.
La soberanía política completa esa construcción. Un pueblo necesita capacidad para decidir qué produce, cómo administra sus recursos y qué prioridades atiende con el esfuerzo colectivo. La libertad de una Nación también se juega en la posibilidad de garantizar trabajo, salud y educación sin resignar su futuro.
El martes, la agenda continuará en Córdoba y tendrá por la noche un encuentro con jóvenes en Buenos Aires. El miércoles incluirá una visita al Complejo Penitenciario Federal de Buenos Aires y una misa en Luján, antes de la partida hacia Perú. Los jóvenes, las personas privadas de libertad y la fe popular también tendrán un lugar en el recorrido.
Para quienes miramos la realidad desde los trabajadores, esas presencias invitan a pensar qué comunidad queremos construir. Una sociedad que abandona a quien pierde el empleo, se enferma o necesita una segunda oportunidad termina debilitando los vínculos que la sostienen.
La llegada del Papa abrirá una oportunidad para que esas cuestiones vuelvan a ocupar el centro de la conversación argentina. Su impacto dependerá también de lo que hagamos después, cuando terminen las ceremonias y cada uno regrese a sus responsabilidades.
Mañana habrá una Argentina pendiente de León XIV. Desde el peronismo y el movimiento obrero, la expectativa tendrá una raíz conocida. Que la dignidad humana se traduzca en decisiones, que el trabajo permita vivir y que la Patria tenga fuerza para elegir su destino. Justicia social, independencia económica y soberanía política siguen siendo un programa para construir futuro.