Más de 25 gremios se declararon en estado de alerta y unidad frente al proyecto impulsado por Javier Milei. Mientras la conducción de la CGT apuesta al diálogo, crece la presión de los sectores más duros que advierten que no descartan un plan de lucha para frenar lo que consideran un avance sobre los derechos laborales.
En un clima de fuerte preocupación y con un mensaje que buscó marcar diferencias hacia adentro del propio movimiento obrero, más de 25 organizaciones sindicales de distintas actividades se reunieron en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) para coordinar una estrategia común frente a la reforma laboral que promueve el Gobierno nacional. El encuentro dejó una señal clara: una parte del sindicalismo argentino está dispuesta a endurecer su postura e incluso avanzar con medidas de fuerza, en contraste con la línea dialoguista que impulsa la cúpula de la CGT.
La reunión, encabezada por el secretario general de la UOM, Abel Furlán, reunió a dirigentes de gremios industriales, del transporte y de los servicios, que coincidieron en la necesidad de “estar de pie y en lucha” ante lo que definieron como un intento de flexibilización laboral. Si bien los participantes ratificaron su respaldo a las gestiones de los co-secretarios generales de la CGT, el tono del encuentro reflejó la impaciencia de un sector que desconfía de que el diálogo, por sí solo, alcance para frenar la iniciativa oficial.
Durante el cónclave, los sindicalistas acordaron enfrentar la reforma desde tres frentes simultáneos: el jurídico, el legislativo y el político. Sin embargo, el mensaje dominante fue que, si esos caminos no alcanzan, el movimiento obrero deberá recurrir a la movilización y a la acción directa. “Queremos aportar ideas y unir esfuerzos para que las estrategias nos encuentren con unidad y propuestas concretas”, plantearon los dirigentes, dejando entrever que la conflictividad podría escalar.
Las críticas a la gestión de Javier Milei fueron contundentes. Los gremios calificaron el proyecto como un esquema pensado para facilitar despidos en grandes empresas y profundizar la crisis del aparato productivo. En ese marco, advirtieron que no aceptarán reformas que, bajo el argumento de modernizar el mercado laboral, impliquen una pérdida de derechos conquistados.
Otro de los focos de tensión estuvo puesto en el rol de los gobernadores. Los sindicatos reclamaron no quedar al margen de las negociaciones entre las provincias y la Casa Rosada y lanzaron una advertencia directa: “No se pueden negociar intereses locales llevándose puestos los derechos de todos los trabajadores”. La frase resonó como un límite político frente a eventuales acuerdos que avalen la reforma.
Del encuentro participaron referentes de sectores tan diversos como transporte, fluvial, aeronáuticos, ferroviarios, aceiteros, viales, mineros, gráficos, energía, pilotos y capitanes de ultramar, entre otros. La amplitud de la convocatoria reforzó la idea de un frente sindical que busca ganar volumen y autonomía frente a la estrategia más moderada de la conducción cegetista.
Como cierre, los gremios resolvieron volver a reunirse el próximo miércoles 28, a las 16, nuevamente en la sede de la UOM. Allí se terminarán de definir las líneas de acción. La señal ya está dada: mientras la CGT insiste en el diálogo, un sector creciente del sindicalismo avisa que la reforma laboral podría encontrar resistencia en la calle.