Mientras el Gobierno de Javier Milei predica la “libertad de mercado” y celebra el retiro del Estado como una supuesta virtud, la realidad golpea de lleno a los trabajadores. El caso de la cadena Farmacias Dr. Ahorro se convirtió en un símbolo concreto de ese ajuste sin anestesia: despidos masivos, salarios impagos, vaciamiento empresario y una total ausencia de respuestas.
Desde mediados de diciembre de 2025, unos 90 trabajadores de la empresa fueron despedidos sin cobrar lo que les corresponde por ley. No hubo aguinaldo, ni último salario, ni vacaciones no gozadas. Tampoco explicaciones. Solo silencio. Un silencio que se repite tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en las provincias, donde los empleados cesanteados denuncian que la patronal directamente dejó de contestar mensajes y llamados.
A la par de los despidos, la empresa avanza con un proceso de vaciamiento evidente. Las sucursales muestran estanterías cada vez más vacías por la falta de reposición de mercadería. Los trabajadores que aún conservan su puesto son obligados a cubrir turnos extras para reemplazar a los despedidos, pero esas horas no se pagan ni se compensan con francos. La precarización se naturaliza y el abuso se vuelve norma.
Frente a este escenario, los trabajadores resolvieron pasar a la acción. Este viernes 9 de enero, a las 17.30, se movilizarán frente a la sucursal de Chacarita, ubicada en avenida Corrientes 6847. La convocatoria es amplia: medios de comunicación, organizaciones sociales, sindicatos, asambleas barriales, partidos políticos, vecinos y clientes están llamados a acompañar un reclamo que excede largamente a una empresa.
El conflicto desnuda una postal cada vez más frecuente en la Argentina de Milei. Empresas que avanzan con despidos y recortes brutales, empresarios que incumplen la ley sin consecuencias y un Estado que mira para otro lado. No hay inspecciones, no hay sanciones, no hay defensa del trabajo registrado. La “motosierra” no toca a los dueños, pero sí a los empleados.
En Farmacias Dr. Ahorro, la combinación de voracidad empresaria y desregulación estatal produjo el cóctel perfecto: trabajadores abandonados, derechos pisoteados y una patronal que actúa con total impunidad. La protesta del viernes no es solo por salarios adeudados. Es una advertencia sobre el rumbo de un modelo que convierte la salud, el empleo y la dignidad en variables descartables.