La discusión sobre Venezuela volvió a colocarse en el centro del tablero regional, pero no por el análisis de su régimen político ni por disputas internas. Según el economista Claudio Lozano, exdirector del Banco Nación, el verdadero eje del conflicto es otro y mucho más grave: el accionar de los Estados Unidos y su impacto directo sobre la soberanía de América Latina.
En una lectura severamente crítica, Lozano advierte que el discurso y las acciones impulsadas por Donald Trump reeditan una versión extrema de la Doctrina Monroe. Ya no se trata, sostiene, de ejercer influencia política o diplomática sobre el continente, sino de avanzar hacia una lógica de administración directa de los territorios del hemisferio occidental, como si se tratara de espacios propios.
El primer punto de alarma es justamente ese cambio de paradigma. Estados Unidos no plantea vínculos entre Estados soberanos, sino una relación de dominación abierta, donde América Latina aparece reducida a una zona bajo tutela. Una concepción que desdibuja fronteras, desconoce autonomías nacionales y coloca a la región en una situación de subordinación inédita en tiempos formales de paz.
El segundo eje señalado por Lozano es la privatización de los recursos estratégicos. Bajo el argumento de la “seguridad norteamericana”, Washington se arroga el derecho de considerar propios aquellos bienes naturales que juzga esenciales. Se trata, afirma, de una privatización colonial, orientada a garantizar el desembarco de corporaciones transnacionales estadounidenses, incluso —si fuera necesario— bajo el respaldo del poderío militar.
La tercera amenaza, quizá la más corrosiva para el orden global, es el desplazamiento del Derecho Internacional. En su lugar, se consolida la ampliación de la jurisdicción de la Justicia norteamericana sobre todo el hemisferio. Una práctica que erosiona principios básicos de convivencia entre Estados y consagra un sistema donde una sola potencia fija las reglas y las sanciones.
Para Lozano, estas definiciones configuran un escenario de enorme peligro para los pueblos de la región. No solo bloquean cualquier posibilidad de desarrollo soberano, sino que también cancelan la construcción de un mundo multipolar basado en el respeto mutuo entre naciones. Por eso, sostiene, el accionar estadounidense debe ser repudiado sin ambigüedades por los gobiernos progresistas y por las fuerzas políticas y sociales de signo popular.
En ese marco regional, el economista apunta también contra la política exterior del gobierno argentino. Advierte que la gestión de Javier Milei profundiza la dependencia estratégica frente a Estados Unidos y se alinea con una lógica que, lejos de preservar la paz, refuerza una amenaza explícita sobre la estabilidad latinoamericana.
Frente a este escenario, Lozano plantea la necesidad urgente de articular la movilización social y política como límite a una estrategia imperial que avanza sin disimulo. Propone la conformación de un frente amplio donde la soberanía, la paz y el desarrollo sean ejes centrales, y reclama la inmediata autoconvocatoria de una Asamblea Legislativa que repudie el accionar invasor de Estados Unidos.
La posición es clara y contundente: defensa irrenunciable de la integridad territorial de los Estados, plena autodeterminación de los pueblos y reivindicación de América Latina como territorio de paz. Principios históricos que, según Lozano, hoy están en juego y que requieren una respuesta firme ante un avance que pone en riesgo no solo a Venezuela, sino al conjunto de la región.