Mientras en las ciudades el verano se asocia a vacaciones, colonias y clubes, en vastas zonas rurales del país el receso escolar vuelve a exponer una realidad alarmante. En provincias como Salta, Jujuy y Misiones, los meses de diciembre a febrero coinciden con el período más intenso de la cosecha, dejando a miles de niñas, niños y adolescentes sin espacios de cuidado y en una situación de alta vulnerabilidad.
Así lo advierte un informe de la Asociación Conciencia, que describe cómo la falta de dispositivos de contención durante el verano incrementa el riesgo de trabajo infantil y adolescente en contextos productivos. Con las escuelas cerradas y las familias abocadas a jornadas laborales extensas, muchos chicos quedan solos durante gran parte del día o terminan incorporados a tareas rurales como una salida forzada ante la ausencia de alternativas.
El documento señala que, a diferencia de los centros urbanos, en la ruralidad la oferta de espacios de cuidado es prácticamente inexistente. Esta desigualdad estructural se profundiza año tras año y deja al descubierto una deuda persistente en materia de derechos de la infancia, especialmente en territorios ligados a la producción tabacalera.
En este escenario, la Asociación Conciencia impulsa el programa El Porvenir, una estrategia integral que busca contener una problemática que se repite cada verano. Durante la temporada 2025–2026, la iniciativa prevé el funcionamiento de espacios de cuidado y dispositivos de acompañamiento en Salta, Jujuy y Misiones, con el objetivo de alcanzar a más de 740 niñas, niños y adolescentes de familias rurales.
“En la ruralidad, el verano muchas veces implica trabajo intensivo para las familias. Y con las escuelas cerradas, los chicos quedan sin cuidado”, explicó Juan Manuel Fernández, director ejecutivo de la Asociación Conciencia. Según remarcó, la articulación entre el sector público, el privado y la sociedad civil resulta clave para evitar que el trabajo infantil se convierta en una respuesta naturalizada frente a la falta de políticas sostenidas.
El informe también recoge experiencias que reflejan la gravedad del problema y, al mismo tiempo, el impacto positivo de las intervenciones. Casos de adolescentes que abandonaron la escuela para trabajar en la cosecha y lograron reinsertarse en el sistema educativo muestran hasta qué punto el trabajo infantil sigue siendo una amenaza concreta, pero también una herida social que puede empezar a cerrarse con acompañamiento y presencia territorial.
En Salta y Jujuy, el programa se apoya en relevamientos realizados en más de 80 fincas productoras, donde se detectaron condiciones que favorecen la vulneración de derechos. A partir de esos diagnósticos, se implementan dispositivos personalizados que incluyen formación para trabajadores, acompañamiento a familias productoras y mejoras en los entornos laborales, con un enfoque preventivo e integral.
La advertencia que atraviesa todo el documento es contundente: sin políticas públicas estructurales y sin una red de cuidado activa durante el verano, la situación de las infancias rurales seguirá agravándose. “El Porvenir no es solo un programa de verano. Es una herramienta de transformación educativa y social”, sostuvo Fernández. La frase resume una preocupación creciente: cuando la escuela cierra y la cosecha avanza, el riesgo de que los derechos de los chicos queden en pausa vuelve a estar peligrosamente cerca.