En tiempos de ajuste feroz, desguace del Estado y ataque directo a los derechos laborales, un texto escrito hace años por Alejandro Robino vuelve a leerse como una guía de supervivencia política y humana. Frente al gobierno de Javier Milei, la palabra, la organización y la ternura reaparecen como formas concretas de resistencia del campo popular.
Por Tomás Casanova
Hay textos que no envejecen: esperan. Permanecen agazapados hasta que la realidad los vuelve urgentes. Instrucciones para capear el mal tiempo, de Alejandro Robino, es uno de ellos. Escrito en otro momento crítico de la Argentina, hoy vuelve a circular como una brújula ética frente al vendaval libertario que atraviesa al país y golpea, sin anestesia, a los trabajadores.
Robino no habla de huracanes meteorológicos, sino políticos. Advierte, con lenguaje directo y poético, que el primer objetivo del poder cuando ajusta no es solo empobrecer, sino quebrar el ánimo colectivo. Imponer tristeza, soledad, resignación. Exactamente lo que hoy intenta el gobierno de Milei bajo la lógica del “sálvese quien pueda”, la demonización del Estado y el desprecio por la justicia social.
“Comparta el mate y la charla con los compañeros”, escribe Robino. No es una metáfora menor: es una definición política. Allí donde el modelo libertario promueve el individualismo extremo, el texto reivindica lo colectivo como trinchera. Donde el mercado busca reducirlo todo a mercancía, la respuesta es comunidad, afecto, cultura, encuentro.
El ajuste no es abstracto. Tiene nombre y consecuencias: salarios licuados, despidos, paralización de la obra pública, caída del consumo, jubilados empujados a la indigencia. Frente a eso, el peronismo —herido, cuestionado, en repliegue— vuelve a enfrentar una de sus encrucijadas históricas. Y lo hace, otra vez, desde el llano, junto a los trabajadores.
Robino lo dice sin rodeos: “No deje que la estupidez se imponga. Defiéndase”. Defenderse hoy es defender derechos laborales, sindicatos, paritarias, educación pública, salud, ciencia, cultura. Defenderse es no naturalizar el ajuste ni aceptar como destino la exclusión social que el oficialismo presenta como “sinceramiento”.
Hay una frase clave en el texto: “Será imprescindible cenar juntos cada día hasta que la tormenta pase”. En esa imagen cotidiana se condensa una estrategia política profunda: resistir unidos, sostener redes, no abandonar a nadie. Porque el proyecto libertario necesita soledad para avanzar; el campo popular, en cambio, sobrevive en comunidad.
Robino también advierte sobre la memoria: los artistas serán siempre nuestros y el olvido será feroz con los impostores. La cultura, la poesía, la palabra crítica duelen al poder porque no se privatizan, no se dolarizan, no se ajustan. Por eso se las ataca. Por eso es imprescindible defenderlas.
No es tiempo de tibiezas ni de neutralidad. Las políticas de este gobierno no son técnicas: son ideológicas y profundamente antipatria. Y frente a ellas, la respuesta no puede ser el silencio ni la adaptación. Tiene que ser organización, perseverancia y convicción.
El texto cierra con una certeza que hoy vuelve a ser promesa: “Sobreviviremos nuevamente, estamos curtidos”. El movimiento obrero, el peronismo y el pueblo argentino ya atravesaron tormentas peores. Siempre de pie, siempre volviendo. Porque cuando el temporal es político, la resistencia —como la esperanza— siempre es colectiva.