(Tomás Casanova) – El secretario general de STIA Capital advirtió que el proyecto del Gobierno busca debilitar derechos históricos, consolidar un modelo de desigualdad y abaratar el trabajo. Rechazó la flexibilización, defendió una matriz productiva con industria y campo, y llamó a dar la discusión de cara a la sociedad.
Con definiciones contundentes y un fuerte llamado a dar el debate en el plano social, el secretario general de STIA Capital, Sergio Escalante, cuestionó con dureza el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional y advirtió que su verdadero objetivo no es la creación de empleo sino el debilitamiento estructural de los derechos de los trabajadores. En diálogo con eldelegado.com, el dirigente del sindicato de la alimentación alertó sobre las consecuencias económicas, sociales y productivas de un modelo que, según afirmó, profundiza la desigualdad.
Escalante, militante histórico de la Lista Verde e integrante del Consejo Directivo del gremio desde hace más de treinta años, sostuvo que la existencia de abusos o excesos en algunas relaciones laborales no puede ser utilizada como excusa para “naturalizar ni legalizar la precarización”. Por el contrario, advirtió que una reforma que avale esas prácticas terminaría consagrando por ley situaciones ilegales y fortaleciendo el abuso patronal.
En ese sentido, remarcó que el debate excede ampliamente al universo del trabajo formal. “No es una discusión que afecte solo al trabajador registrado. Estamos discutiendo un modelo de sociedad”, afirmó, y advirtió que el rumbo propuesto por el Gobierno podría derivar en una estructura social profundamente desigual.
Para ejemplificarlo, Escalante mencionó el caso de Perú, donde la flexibilización laboral fue presentada como modernización. “El resultado fue una sociedad con más del 80 por ciento de los trabajadores en la informalidad, una minoría de multimillonarios y una mayoría empobrecida. Ese es el camino que quieren repetir”, alertó.
Al referirse a la industria de la alimentación, el dirigente sindical destacó su carácter estratégico, pero puso en cuestión el sentido de la incorporación tecnológica. “La robótica y la tecnología ya están presentes en los procesos productivos, pero no para mejorar la alimentación ni la salud de la población, sino para aumentar la rentabilidad empresaria”, señaló.
Desde una mirada integral, Escalante defendió la articulación entre industria y campo como parte de un proyecto nacional. “Para nosotros no es el campo o la industria, es el campo y la industria”, afirmó, y reclamó una matriz productiva que agregue valor, genere empleo genuino y evite un país limitado a la exportación de materias primas y la especulación financiera.
En ese marco, fue especialmente crítico del modelo económico actual. “Hoy gana más el que especula que el que produce”, sostuvo, y planteó que el desarrollo requiere políticas públicas activas, inversión en ciencia y tecnología, universidades, financiamiento productivo y un comercio exterior que genere recursos genuinos.
En el tramo más contundente de su definición política, Escalante fue categórico: “La reforma laboral no genera empleo. Cuando hablan de modernización, no aparece ni la tecnología, ni la inteligencia artificial, ni la robótica. Solo se habla de sacar derechos para abaratar el costo laboral cuando vuelva a girar la rueda de la producción”.
Finalmente, reivindicó el rol del sindicalismo y rechazó la estigmatización mediática. “No defendemos privilegios ni cajas. Defendemos un modelo de país con independencia económica, soberanía política y justicia social”, concluyó. Y aseguró que el gremio dará la discusión punto por punto, utilizando todas las herramientas legales y de cara a la sociedad, “para que quede claro quién defiende los intereses de los trabajadores y quién los de los poderosos”.