CGT: UNIDAD, SOLIDARIDAD Y PRUEBAS EN DEFENSA DE LA DIGNIDAD DEL TRABAJO

Tomás Casanova) – La historia del movimiento obrero argentino demuestra que cada avance en derechos fue el resultado de atravesar pruebas colectivas. En tiempos de ajuste y fragmentación social, la unidad sindical vuelve a ser la herramienta central para transformar la adversidad en organización y esperanza.

La vida del trabajador, como la de los pueblos, está marcada por pruebas permanentes. No hay un solo tramo del camino —desde el nacimiento hasta la vejez— que no esté atravesado por desafíos. Sin embargo, el problema no es la prueba en sí misma, sino cómo se la enfrenta, cómo se la resuelve y qué huella deja en la construcción del futuro. En ese recorrido, la organización colectiva cumple un rol decisivo.

La Confederación General del Trabajo nació y creció en ese contexto: como respuesta a pruebas históricas que pusieron en riesgo la dignidad del trabajo. Cada derecho conquistado —la jornada laboral, las vacaciones pagas, el salario mínimo, la seguridad social— fue la consecuencia de haber transformado el sufrimiento en lucha y la resignación en solidaridad. Nada fue producto del azar ni de la benevolencia del poder.

Hoy, una vez más, el mundo del trabajo enfrenta una etapa de pruebas profundas. La pérdida del poder adquisitivo, la precarización laboral y los discursos que buscan instalar la idea de que los derechos son “privilegios” forman parte de una misma estrategia: debilitar al trabajador aislándolo, haciéndole creer que su problema es individual y no colectivo. Frente a eso, la CGT tiene una responsabilidad histórica: sostener la unidad como valor irrenunciable.

La unidad no significa ausencia de diferencias, sino la comprensión de que el camino siempre es colectivo. Cada paso que se da —cada negociación, cada movilización, cada acto de resistencia— genera el siguiente eslabón de una cadena que puede conducir a un estado mejor o a una mayor degradación social. Ahí radica la verdadera “magia” de la vida sindical: entender que lo que hoy se decide condiciona el mañana de millones.

También hay una enseñanza que atraviesa generaciones: quienes tuvieron la posibilidad de iniciar temprano un camino de conciencia y compromiso sindical cuentan con una ventaja invaluable. No todos llegan jóvenes a comprender la dimensión de la lucha colectiva; muchos lo hacen después de años de padecer injusticias en soledad. Por eso, el rol de los dirigentes es central: guiar, formar y contener, especialmente a las nuevas generaciones de trabajadores.

Nada de lo que ocurre en el mundo del trabajo es casual. Las crisis no llegan por “maldiciones” ni por conspiraciones abstractas, sino por decisiones políticas concretas. Y del mismo modo, las salidas tampoco son individuales ni mágicas: se construyen con organización, solidaridad y unidad.

La CGT está, una vez más, frente a una prueba histórica. Superarla dependerá de su capacidad para recordar su razón de ser: defender los derechos de quienes viven de su trabajo y demostrar que, aun en los momentos más difíciles, la unidad sigue siendo el camino.