El IPC oficial del INDEC confirmó un leve descenso en la inflación mensual, pero el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advierte que esta desaceleración se sostiene sobre anclas no sostenibles como la recesión, el atraso tarifario, la presión sobre las paritarias y la caída del poder adquisitivo. El informe también anticipa que en julio podría verse el impacto de ajustes postergados, como el aumento de combustibles.
La inflación de junio fue del 1,6%, según los datos difundidos por el INDEC, consolidando la tendencia a la desaceleración que comenzó meses atrás. La variación interanual se ubicó en 39,4%, lo que representa una baja de 4,1 puntos respecto al dato de mayo. Desde el gobierno celebraron la cifra como un nuevo “logro” de su política antiinflacionaria, pero el informe de coyuntura publicado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) plantea una mirada crítica: el freno en los precios se sostiene sobre un modelo recesivo, con el consumo planchado, los salarios congelados, tarifas intervenidas y paritarias sin homologar.
Uno de los datos más significativos es el bajo incremento del rubro Alimentos y Bebidas, que apenas alcanzó el 0,6%, muy por debajo del promedio. La dinámica se explica, según CEPA, por la caída de precios en frutas y verduras (-8,7% y -1,2%, respectivamente), el retroceso del precio de la carne en el mercado mayorista (-0,1%) y la estabilidad del tipo de cambio, cuya suba fue del 2,9% respecto al promedio del mes anterior. Sin embargo, la canasta básica sigue mostrando alzas marcadas en productos específicos, como el caso de la lechuga, que se disparó un 31,7%.
El salario real, por su parte, continúa sin recuperarse. El informe advierte que el gobierno sostiene la baja de la inflación “impidiendo la recuperación salarial”. En junio no se homologaron paritarias por encima del 1% en el sector privado ni del 0% en el público. Esto mantiene al consumo deprimido, lo que a su vez actúa como ancla inflacionaria.
La desaceleración también se sostiene mediante una política explícita de atraso tarifario. En junio, las tarifas de electricidad y gas para residenciales subieron 2,8% y 6,45% respectivamente, mientras que el aumento del agua de AYSA se mantuvo en apenas 1%, a pesar de que debería haberse ajustado según la fórmula establecida. El incremento en naftas se postergó para fines de mes —YPF aplicó su suba recién el 30/6—, lo que desplazará su impacto pleno al mes de julio.
En los servicios regulados, el comportamiento fue dispar: las prepagas aumentaron entre 2,5% y 2,8%, mientras que en transporte público —principalmente en AMBA— el ajuste fue del 4,8%, al igual que el subte. El rubro Comunicación tuvo un alza de 1,8%, inferior al mes anterior pero todavía por encima del promedio interanual general (42,3%).
En términos metodológicos, el CEPA reiteró que los cambios en los ponderadores del IPC con la nueva ENGHO 2017/2018 podrían representar diferencias significativas en los resultados actuales. Estiman que si estos se aplicaran desde diciembre 2023, el acumulado de inflación de enero a hoy sería 10 puntos porcentuales más alto.
Sobre los posibles escenarios para julio, el informe señala que la suba del tipo de cambio en los primeros días del mes (5,6%) podría presionar levemente al alza, especialmente en alimentos. También empezará a impactar el ajuste del precio de los combustibles, que ya fue aplicado por YPF, y un nuevo incremento en transporte público del 5,5%. Por el contrario, la política del gobierno de mantener congeladas las tarifas, medicinas, telecomunicaciones y prepagas seguirá operando como contención.
La inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales, se ubicó en 1,7%, consolidando la tendencia a la baja (2,2% en mayo, 3,2% en abril), lo que para CEPA refleja que el modelo de contención de precios por la vía del enfriamiento económico sigue operando, aunque con señales de agotamiento. “El costo social de esta estabilidad artificial comienza a sentirse con más fuerza: caída de consumo, cierre de negocios, desempleo creciente y salarios cada vez más insuficientes”, concluye el informe.
Así, mientras el gobierno se apoya en el dato mensual como aval de su rumbo, los analistas del CEPA advierten que sin recuperación del poder adquisitivo ni reactivación de la demanda, los números de la inflación seguirán siendo “bajos”, pero a un alto costo para la economía real.