LA INFLACIÓN “BAJO LA ALFOMBRA”: ADVIERTEN QUE LOS PRECIOS SERÍAN 11,5% MÁS ALTOS SI SE MIDIERAN CON UNA METODOLOGÍA ACTUALIZADA

El último dato del Índice de Precios al Consumidor difundido por el INDEC encendió nuevas críticas desde la oposición y centros de estudio económicos. El organismo informó que la inflación de febrero fue del 2,9 por ciento, el mismo nivel que en enero, pero distintos especialistas sostienen que el número oficial subestima la verdadera evolución de los precios.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), si se aplicaran ponderadores más actuales para medir el gasto de los hogares, la inflación mensual habría alcanzado el 3 por ciento, mientras que el incremento acumulado desde la llegada al poder de Javier Milei sería considerablemente más alto que el informado oficialmente.

La diputada nacional Julia Strada cuestionó la metodología utilizada y acusó al Gobierno de “esconder inflación debajo de la alfombra”.

“Desde que asumió Milei, el INDEC informó una suba de precios acumulada de 280,5 por ciento, pero si se utilizan los ponderadores de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018, el aumento llega a 324,4 por ciento”, explicó la legisladora.

La diferencia equivale a 43,9 puntos porcentuales, lo que implica que la inflación real sería 11,5 por ciento superior a la cifra oficial difundida por el organismo estadístico.

Una curva inflacionaria en ascenso

Los números oficiales también muestran una tendencia que preocupa a economistas y dirigentes políticos. Después de tocar un mínimo de 1,5 por ciento en mayo de 2025, la inflación mensual comenzó a escalar de forma paulatina hasta ubicarse nuevamente cerca del 3 por ciento en el arranque de 2026.

Para Strada, este comportamiento contradice el relato oficial sobre una desaceleración sostenida.

“La inflación dejó de bajar hace tiempo. Desde mediados de 2025 viene aumentando mes a mes y hoy prácticamente duplica el registro que había en mayo del año pasado”, señaló.

El problema de la canasta desactualizada

El punto central de la discusión está en la forma en que se calcula el índice. Actualmente el IPC se basa en una estructura de consumo derivada de la encuesta de gastos de hogares de 2004/2005, que fue actualizada parcialmente pero nunca reemplazada por completo.

Sin embargo, el propio INDEC ya elaboró una nueva medición correspondiente a 2017/2018, que refleja cambios profundos en el patrón de gasto de las familias. Entre ellos, un mayor peso de los servicios, el transporte, las comunicaciones y la educación.

De acuerdo con el análisis del CEPA, esos rubros fueron precisamente los que más aumentaron durante los últimos años, especialmente tras la reducción de subsidios en tarifas y transporte. Al tener menor incidencia en la canasta actual, su impacto inflacionario aparece diluido en el indicador final.

Salarios y jubilaciones más golpeados

La diferencia metodológica no solo modifica el número de inflación. También cambia la lectura sobre el poder adquisitivo.

Con la inflación oficial, los salarios registrados muestran una caída real de 7,1 por ciento desde noviembre de 2023. Pero al recalcular el índice con los nuevos ponderadores, la pérdida se amplía hasta 16,5 por ciento.

Algo similar ocurre con las jubilaciones mínimas: mientras el cálculo con el IPC vigente arroja una merma de 3,2 por ciento, la medición actualizada eleva la caída hasta el 12 por ciento.

Para Strada, estos números muestran que “el deterioro del poder adquisitivo es mucho más profundo de lo que reflejan las estadísticas oficiales”.

La discusión que vuelve al centro del debate

El informe reaviva una vieja polémica en la Argentina: cómo medir correctamente la inflación en un país donde la estructura del gasto de los hogares cambia con rapidez.

Mientras el Gobierno defiende la validez del indicador actual, desde la oposición reclaman que el organismo estadístico aplique de inmediato la nueva canasta de consumo, algo que —según recuerdan— ya estaba previsto en planes técnicos del propio instituto.

En medio de una economía donde los precios siguen avanzando, la discusión sobre el índice inflacionario volvió a instalar una pregunta incómoda: si los números oficiales reflejan plenamente lo que sienten los argentinos cuando pasan por la caja del supermercado o pagan las tarifas de los servicios.