EL BOLSÓN BAJO EL FUEGO: “SE QUEMÓ UNA MONTAÑA ENTERA Y EL PUEBLO ESTÁ SOLO”

La Patagonia argentina vuelve a arder. Con temperaturas extremas, viento persistente y focos que se reactivan a diario, los incendios forestales avanzan sin control sobre bosques nativos, campos productivos y zonas pobladas.


El Bolsón, en Río Negro, se convirtió en uno de los epicentros de la emergencia: ya se contabilizan decenas de viviendas destruidas, miles de hectáreas consumidas por las llamas y una comunidad entera en estado de alerta permanente. En ese escenario, los voluntarios que combaten el fuego reclaman ayuda urgente para poder sostener la tarea ante la magnitud del desastre.

“Perdón si hablo rápido, estamos muy a pleno acá”, relata Antonella Casanova, vecina de El Bolsón y voluntaria desde el primer día del incendio. Habla desde su celular, que usa casi exclusivamente para coordinar la logística. “No hay persona a la que no le haya afectado. Hoy probablemente se vaya todo a la re mierda porque hace mucho calor y hay viento. Desde el lunes, cada día está peor”.

El testimonio describe una catástrofe en expansión. “Es muy grande. Se quemó una montaña entera que tiene un montón de poblaciones abajo. Lo que se está defendiendo es que no llegue a las casas, pero ya se quemaron varias. Deben ser unas cincuenta casas, además de hectáreas y hectáreas, miles de campos, animales y bosque nativo”. El fuego avanza y obliga a priorizar zonas habitadas mientras el daño ambiental ya es incalculable.

Antonella no habla solo como habitante afectada, sino como parte activa del operativo comunitario. “Desde que empezó estoy yendo todos los días. Hago de todo: combatir el fuego, logística, apagar focos, llevar y traer cosas, gente, cocinar”. Vive a unos doce kilómetros del frente principal, pero la cercanía es constante. “Está todo muy picante”.

En ese momento se encuentra en la zona del Laberinto, uno de los puntos más comprometidos. “Acá enfrente se ve todo quemado. El fuego pasó muy cerca. Este lugar está en el barrio donde se están defendiendo las casas, frente a Rincón de Lobos”. Tiene amigos con viviendas amenazadas y se mueve de un punto a otro acompañando y asistiendo. “Está todo el pueblo yendo a apagar el incendio básicamente”.

La crítica es directa: “El Estado está ausente. Y cuando aparece, aparece tarde y no alcanza”. Frente a esa realidad, la respuesta es colectiva. Vecinos, brigadistas voluntarios y organizaciones improvisan recursos para sostener el combate contra las llamas. Pero advierten que no dan abasto. Falta agua, ropa adecuada, alimentos y combustible para los vehículos que recorren los focos activos.

Por eso, los voluntarios piden ayuda de manera urgente para poder continuar con la tarea. Antonella difundió un alias para recibir donaciones destinadas a abastecer a quienes están en la primera línea del fuego: “madre.mater.materia”. “Es para comprar comida, agua, ropa para los brigadistas y la nafta para los autos”, explica. En El Bolsón, mientras el incendio sigue activo, la solidaridad se volvió una herramienta tan vital como el agua para apagar el fuego.