MILEI LLEGA A LA CARRERA HACIA 2027 CON MENOS CONFIANZA Y ALERTAS ENTRE LOS MAYORES DE 50 AÑOS

El índice de la Universidad Torcuato Di Tella acumula una caída del 20,7% desde fines de 2025. Aunque octubre mostró una leve mejora, el Gobierno sigue sin recuperar el terreno perdido. El deterioro entre los mayores de 50 años y la debilidad en el Gran Buenos Aires marcan puntos sensibles para sus aspiraciones electorales.

Javier Milei tiene por delante un problema político que una mejora mensual de apenas el 0,9% no alcanza a resolver. La confianza en su gobierno se encuentra un 20,7% por debajo del cierre de 2025 y permanece estancada en niveles inferiores a los del comienzo del año. Con la elección presidencial de 2027 en el horizonte, los números de la Universidad Torcuato Di Tella muestran una administración que logró frenar el deterioro, pero todavía no consiguió revertirlo.

El Índice de Confianza en el Gobierno de octubre se ubicó en 1,95 puntos sobre una escala de cero a cinco. La suba respecto de septiembre convive con una caída interanual del 7%. El propio informe advierte que las oscilaciones de los últimos meses son modestas, compatibles con el error muestral y sin una tendencia clara.

La distinción resulta central para interpretar su alcance electoral. No hay evidencia suficiente para presentar el resultado de octubre como una recuperación política, aunque tampoco permite describir una caída continua. La mayor parte de la pérdida de confianza de 2026 ocurrió entre enero y mayo. Desde entonces, el oficialismo se mueve sobre una meseta más baja.

El estudio no mide intención de voto ni permite convertir sus resultados en porcentajes electorales. Sin embargo, identifica fortalezas y debilidades de la relación entre el Gobierno y la sociedad que pueden pesar sobre una eventual búsqueda de la reelección.

La señal más delicada aparece entre las personas de más de 50 años. En ese grupo, la confianza cayó un 10,2% mensual y llegó a 1,81 puntos, el menor registro de toda la presidencia de Milei. Además, el informe señala una tendencia descendente desde julio.

Para el oficialismo, el riesgo es que ese deterioro se consolide y termine condicionando su capacidad de ampliar apoyos. La encuesta no explica las razones de la caída ni permite atribuirla exclusivamente a jubilaciones, salarios o costo de vida. Pero sí muestra que una parte de la población adulta evalúa al Gobierno con una desconfianza creciente.

Los jóvenes de entre 18 y 29 años ofrecen la contracara. Con 2,38 puntos y una mejora mensual del 3,6%, vuelven a ser el segmento de mayor confianza. Entre los adultos de 30 a 49 años, el indicador alcanza 1,96 puntos, después de subir un 6,5%.

La lectura política es que Milei conserva una fortaleza relativa entre los más jóvenes, mientras enfrenta dificultades para sostener una adhesión pareja entre generaciones. Esa diferencia puede servir como punto de apoyo para una campaña, pero también marca una limitación. La confianza juvenil, por sí sola, no garantiza una mayoría electoral.

La distribución territorial agrega otra advertencia. El interior del país presenta el registro más alto, con 2,13 puntos, seguido por la Ciudad de Buenos Aires, con 1,88. El Gran Buenos Aires queda último, con 1,62 puntos y una caída mensual del 6,2%.

Por su peso electoral, el conurbano constituye una zona sensible para cualquier aspiración presidencial. El dato sugiere que el Gobierno encuentra allí mayores dificultades para generar confianza. No autoriza, en cambio, a adjudicar automáticamente ese malestar a una fuerza opositora ni a proyectar un resultado para toda la provincia de Buenos Aires.

También importa qué aspectos de la gestión reciben las peores evaluaciones. La preocupación por el interés general obtiene apenas 1,51 puntos, mientras que la evaluación general del Gobierno llega a 1,63. La eficiencia se ubica en 1,99; la capacidad para resolver problemas, en 2,27; y la honestidad, en 2,37, aunque este último componente retrocede un 3% mensual.

Esa combinación permite una interpretación incómoda para la Casa Rosada. Sus mejores registros relativos siguen vinculados con la honestidad y la capacidad, pero aparecen mayores reparos cuando se pregunta por la gestión en conjunto y por su preocupación por el interés general. Para una campaña de reelección, no alcanza con defender las intenciones o la orientación de un programa. También hace falta convencer de que sus resultados benefician a la sociedad.

El vínculo con las expectativas económicas es especialmente marcado. Entre quienes creen que la economía mejorará dentro de un año, la confianza alcanza 4,10 puntos. Entre quienes esperan que continúe igual, baja a 2,58. Y entre quienes anticipan un empeoramiento, se desploma a 0,40.

El informe no precisa en este apartado cuánto representa cada grupo sobre el total de los encuestados. Por eso, esos valores no permiten establecer si predominan los optimistas o los pesimistas. Sí revelan una asociación muy fuerte entre la expectativa económica y la confianza política. El estudio tampoco determina cuál de ambas influye sobre la otra.

Hacia 2027, esa relación vuelve decisiva la capacidad del Gobierno de sostener una expectativa favorable y acompañarla con resultados que los ciudadanos reconozcan en su vida cotidiana. Si aumenta el pesimismo, la confianza puede quedar más expuesta; si se extiende la percepción de mejora, el oficialismo tendrá mejores condiciones para recuperar adhesiones.

La comparación histórica obliga, además, a evitar pronósticos terminantes. En el mes 34 de su presidencia, Milei registra una confianza superior a la que tenían Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner en sus dos mandatos y Alberto Fernández en el mismo momento de sus gestiones. Se encuentra por debajo de Néstor Kirchner.

Esa posición relativa impide presentar el dato actual como una sentencia electoral. Al mismo tiempo, el promedio de confianza de la administración libertaria descendió a 2,33 puntos, su menor nivel acumulado, por debajo del 2,45 que registraba Macri en un tramo equivalente.

La encuesta, realizada por Poliarquía entre el 5 y el 16 de octubre sobre mil casos, deja así una advertencia concreta. Milei conserva apoyos relativos entre los jóvenes y en el interior, pero llega al último año previo a la elección presidencial con menos confianza que al cierre de 2025 y con focos de deterioro que merecen atención.

El futuro electoral del Presidente sigue abierto. Lo que estos números ponen en duda es que pueda llegar a 2027 apoyado únicamente en la confianza que acumuló al comienzo de su mandato.