DÍA DE LA MADRE: CAYERON LAS VENTAS Y EL AJUSTE VOLVIÓ A GOLPEAR A LOS TRABAJADORES

Las ventas de los comercios pymes bajaron 1,4% interanual, según CAME. Las familias buscaron regalos más baratos y los negocios resignaron ganancias para sostener su actividad. Un resultado que expone los límites de una economía que necesita del consumo popular, mientras el ajuste restringe la capacidad de compra.

El ajuste también se sintió en los regalos del Día de la Madre. Detrás de las promociones, las vidrieras y las cuotas, hubo trabajadores haciendo cuentas para llegar a una compra y comercios ofreciendo descuentos para conseguir una venta. El balance fue otra caída: las ventas minoristas pymes retrocedieron 1,4% respecto de 2025, medidas a precios constantes, de acuerdo con el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Fue el quinto descenso interanual consecutivo para esta celebración. La secuencia muestra un deterioro que viene de años anteriores y que el actual rumbo económico no logró revertir. Una fecha de fuerte arraigo familiar volvió a encontrar un límite concreto: el dinero disponible en los hogares.

El ticket promedio alcanzó los $63.197, pero ese importe reúne compras muy distintas. El informe describió una demanda orientada hacia artículos económicos, pequeños electrodomésticos, accesorios y regalos de menor valor. Para muchas familias, celebrar significó buscar una opción que entrara en el presupuesto, comparar precios y recurrir al financiamiento.

El dato interpela al plan económico del Gobierno: sin capacidad de compra, la actividad de los comercios pierde sustento. Las cuotas pueden distribuir un gasto, pero no reemplazan un ingreso suficiente. Incluso esa herramienta encontró dificultades: en calzado y marroquinería, los negocios advirtieron que algunos clientes no tenían margen disponible en sus tarjetas. Cuando el crédito también se agota, se achican las posibilidades de consumo.

Cuatro de los seis rubros relevados terminaron en baja. Electrodomésticos, artefactos del hogar y equipos de audio y video retrocedieron 3,6%; cosméticos y perfumería, 3,2%; equipos periféricos, accesorios y celulares, otro 3,2%; y calzado y marroquinería, 2,2%. Indumentaria apenas avanzó 0,1%, mientras librería creció 3,4% y tuvo el ticket más bajo de la muestra: $37.638. Según el relevamiento, los libros aparecieron como una alternativa accesible para quienes debían cuidar cada peso.

Para los trabajadores del comercio, estos números tienen una traducción cotidiana: locales que necesitan vender para cubrir salarios, alquileres, servicios y proveedores. El informe no midió despidos ni permite atribuir pérdidas de puestos a esta fecha, pero sí describió una presión sobre la rentabilidad que preocupa por sus consecuencias sobre el empleo. Sostener las fuentes de trabajo requiere negocios con actividad y clientes con ingresos para comprar.

Las promociones ayudaron a cerrar operaciones, aunque tuvieron un costo. Hubo descuentos de hasta el 20%, ofertas de dos por uno y tres por dos, además de financiación en tres y seis cuotas. En distintos rubros, los comerciantes señalaron que absorbieron bonificaciones y costos financieros para generar liquidez. Vender resignando margen permitió atender necesidades inmediatas, pero dejó menos recursos para sostener la actividad.

La celebración tampoco modificó de manera decisiva el desempeño mensual. Apenas el 9% de los comercios la consideró clave para impulsar sus ventas. Un 39,9% le atribuyó un efecto moderado; el 31,7% sostuvo que aportó, aunque sin cambiar el panorama, y el 19,3% afirmó que no tuvo impacto. Además, casi un tercio de los consultados vendió por debajo de sus expectativas.

El relevamiento también identificó lluvias que dificultaron la concurrencia a los locales y diferencias entre las ventas presenciales y digitales. Pero, a lo largo de los rubros, se repitieron las referencias a presupuestos restringidos, compras postergadas y dependencia de los descuentos. La cautela de los consumidores tuvo razones materiales: antes de elegir un regalo, hubo que calcular cuánto quedaba después de los gastos del hogar.

El resultado deja una advertencia para una política económica que exige sacrificios a quienes viven de su trabajo. El consumo popular sostiene comercios, producción y puestos laborales. Cuando las familias recortan sus compras, esa restricción llega al mostrador y alcanza a quienes trabajan detrás de él. Recuperar el poder adquisitivo del salario es una condición para defender el empleo: ninguna promoción puede sustituirlo.