17 DE OCTUBRE: LA LEALTAD PERONISTA SIGUE VIVA EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO TRABAJADOR

A 81 años de la histórica movilización que cambió para siempre la Argentina, el peronismo conmemora el Día de la Lealtad entre las dificultades del presente y la esperanza de recuperar su protagonismo. Leonardo Fabre, secretario de Cultura de cAPOPS, reflexionó sobre la ausencia de militancia en las calles y la persistencia del sentimiento popular. También reivindicó la unidad, la organización sindical y la defensa del empleo como expresiones de una doctrina que conserva su identidad en el mundo del trabajo.

El 17 de octubre de 1945 no fue solamente una multitud reclamando la libertad de Juan Domingo Perón. Fue el nacimiento de una conciencia colectiva que transformó para siempre la historia argentina. Los trabajadores, aquellos que durante décadas habían permanecido al margen de las decisiones políticas, ocuparon las calles para defender a quien había reconocido sus derechos y les había devuelto la dignidad. Ese día, el pueblo dejó de ser espectador de su propio destino y se convirtió en protagonista.

Ochenta y un años después, aquella enseñanza conserva una vigencia extraordinaria para quienes reivindican la doctrina justicialista. Porque el peronismo, antes que una estructura partidaria o una maquinaria electoral, nació como un movimiento profundamente vinculado con la dignidad del trabajo, la justicia social y la organización de la comunidad.

Sin embargo, este aniversario encuentra al movimiento nacional atravesado por una contradicción dolorosa. Mientras el ajuste económico, el deterioro de los ingresos y la incertidumbre laboral alimentan los cuestionamientos sindicales al gobierno de Javier Milei, la presencia del peronismo organizado en las calles dista de aquella formidable demostración de fuerza popular que marcó su nacimiento.

En diálogo con ELDELEGADO, Leonardo Fabre, secretario de Cultura de APOPS y dirigente sindical de profunda convicción peronista, puso palabras a ese sentimiento de preocupación, pero también de esperanza.

“Hay una ausencia. Hay una ausencia física en las calles. No te olvides que estamos viviendo una etapa oscura, bastante siniestra. Pero por lo que veo en las redes, el amor va por abajo, la lealtad va por abajo y en algún momento va a explotar. Yo sé que va a suceder. Así que hay que tener fe”, expresó.

Sus palabras reflejan una inquietud que atraviesa a sectores de la militancia histórica. La ausencia de grandes movilizaciones no significa necesariamente que haya desaparecido la identidad peronista. También puede expresar el desconcierto de una fuerza política que necesita recuperar su capacidad de organización, reconstruir sus vínculos con los trabajadores y volver a ofrecer un horizonte de justicia social.

La reflexión de Fabre encuentra su sentido más profundo en uno de los principios centrales de la doctrina justicialista: nadie puede realizarse plenamente en una comunidad que no se realiza. Para Perón, la felicidad individual era inseparable del bienestar colectivo. No alcanzaba con garantizar libertades formales si millones de argentinos carecían de trabajo, vivienda, educación o posibilidades de construir un futuro digno.

Desde esa concepción, las políticas del actual Gobierno representan, para el sindicalismo peronista, una confrontación con los principios históricos del movimiento. Mientras el justicialismo reivindica la intervención del Estado para garantizar derechos y promover la justicia social, la administración libertaria sostiene un programa de reducción del gasto público, desregulación económica y menor intervención estatal, al que atribuye la posibilidad de estabilizar la economía y favorecer el crecimiento.

El líder sindical de los trabajadores de ANSES advirtió ademas sobre las consecuencias que esas medidas tienen para los salarios, el empleo y las condiciones de vida de las familias trabajadoras. En particular, la defensa de los organismos públicos y de sus trabajadores se convirtió en una de las principales preocupaciones de los sindicatos estatales.

En ese sentido, el Día de la Lealtad también encontró una expresión entre los trabajadores y trabajadoras ANSES, quienes siempre defienden un mensaje que reivindica la continuidad histórica del compromiso sindical y la necesidad de preservar la unidad frente a las dificultades.

“En tiempos donde todo se discute, la lealtad política es nuestra mayor certeza: estar firmes, organizados y en el mismo camino, pase lo que pase”, dijo Fabre.

El mensaje también recuperó el valor de la militancia compartida y la solidaridad entre compañeros: “Es un orgullo caminar al lado de cada uno de ustedes. Sigamos redoblando el compromiso y la fuerza para los tiempos que vienen; que nos queden muchos 17 de Octubre por militar juntos hasta que vuelva a brillar el sol para nuestro pueblo, y que ese sol nos encuentre unidos”.

La declaración establece un vínculo directo entre la gesta fundacional del peronismo y las responsabilidades actuales de quienes integran el movimiento obrero organizado.

“Aquel 17 de octubre de 1945 el pueblo trabajador hizo historia marcando un camino. Hoy, los trabajadores y trabajadoras de ANSES seguimos firmes en ese legado porque la lealtad es con la doctrina, con la historia y, sobre todo, con la familia trabajadora”.

“Porque la lealtad peronista no puede reducirse a una consigna, una fotografía de archivo o una ceremonia partidaria. Tampoco puede confundirse con la obediencia a dirigentes o estructuras. Su fundamento histórico está vinculado con la defensa de los trabajadores, la solidaridad social y la convicción de que los derechos se conquistan y se preservan mediante la organización”, aseveró el histórico referente justicialista.

En esa tarea, dijo que el movimiento obrero organizado conserva una responsabilidad irrenunciable. Los sindicatos no fueron actores secundarios de la historia justicialista. “Constituye su columna vertebral y protagonizaron las grandes conquistas laborales, la resistencia durante la proscripción y la recuperación de derechos frente a sucesivos intentos de debilitarlos”, recordó.

Por eso, cuando Fabre aseguró que el amor y la lealtad continúan creciendo silenciosamente, expresó una convicción profundamente arraigada en la memoria del peronismo: la identidad popular puede sobrevivir a las derrotas electorales, las persecuciones y los períodos de dispersión política.

La historia argentina ofrece suficientes antecedentes. El peronismo conoció el derrocamiento de su gobierno, la proscripción, la cárcel, el exilio y la persecución de sus militantes. Sin embargo, la resistencia sindical y popular mantuvo viva una identidad que no pudo ser eliminada por decreto ni por la fuerza.

Ese pasado, por supuesto, no garantiza por sí solo una nueva etapa de protagonismo. La esperanza necesita organización, conducción, formación política y una propuesta capaz de interpretar las necesidades de una sociedad distinta de la de 1945. También exige recuperar la solidaridad entre generaciones y devolverles participación a las bases que históricamente constituyeron la fuerza del movimiento.

Quizás allí resida la mayor profundidad de las palabras de Leonardo Fabre. Su llamado a tener fe no supone esperar pasivamente que las cosas cambien. Expresa la convicción de que, aun en tiempos de desencanto, permanece viva una conciencia de justicia que puede volver a manifestarse colectivamente.

Porque el 17 de octubre no enseña solamente que un pueblo puede llenar una plaza. Enseña que los trabajadores organizados son capaces de modificar el rumbo de una Nación cuando reconocen una causa común y deciden defenderla.

A 81 años de aquella jornada, la lealtad sigue siendo mucho más que una fecha para el peronismo. Es una memoria de lucha, una promesa de dignidad y una responsabilidad con quienes todavía esperan una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

La ausencia física que observa Fabre, la esperanza y la memoria de aquel pueblo que irrumpió en la historia el 17 de octubre de 1945 forman parte de una misma pregunta: cuándo y cómo volverá el movimiento obrero a expresar toda su fuerza colectiva.

La respuesta todavía está por escribirse. Pero quienes mantienen viva aquella tradición encuentran en la organización, la solidaridad y la defensa de la familia trabajadora las razones para sostener su esperanza.

Porque la lealtad no se declama solamente en los aniversarios. Se siente, se vive y se demuestra colectivamente. Y para quienes siguen abrazando las banderas históricas del justicialismo, hay una palabra que resume esa esperanza de reencontrarse con el pueblo trabajador: VOLVEREMOS.