El economista y docente Hugo A. Castro cuestionó con dureza el proyecto de “modernización laboral” impulsado por el Gobierno y sostuvo que el verdadero objetivo es “incrementar la rentabilidad empresaria a costa de los trabajadores”. Alertó por el impacto sobre el empleo, la seguridad social y las condiciones laborales.
En un contexto de creciente tensión social, el economista Hugo A. Castro trazó un diagnóstico crítico sobre la reforma laboral que impulsa el oficialismo. En declaraciones a este medio, sostuvo que la iniciativa “no tiene nada de moderna” y la definió como “una ofensiva conservadora que apunta directamente contra los derechos históricos de los trabajadores”.
Según Castro, el eje del proyecto es claro: “Se busca reducir los llamados ‘costos laborales’, que en realidad son derechos. Para las empresas pueden ser costos, pero para millones de argentinos son su sustento, su estabilidad y su protección”. En ese sentido, advirtió que detrás del discurso de la competitividad “se esconde una transferencia de recursos desde el trabajo hacia el capital”.
El especialista también puso el foco en el impacto estructural de las medidas. “No hay ninguna evidencia de que bajar salarios o flexibilizar condiciones genere más empleo. Ya lo vivimos en los años 90: aumentó la desocupación y se deterioró el tejido productivo”, recordó. Y fue más allá: “Repetir esas recetas solo puede conducir al mismo resultado”.
Castro cuestionó además la creación de instrumentos como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), al considerar que “desfinancia el sistema previsional y de salud”. “Se están redireccionando aportes que hoy sostienen jubilaciones y obras sociales hacia mecanismos que benefician exclusivamente a las empresas”, explicó.
En materia de derechos concretos, el economista enumeró retrocesos significativos: “Se facilita la tercerización, se legalizan formas precarias de contratación, se reducen indemnizaciones y se limita el derecho a huelga. Es un paquete coherente, pero coherente con una lógica de ajuste sobre los trabajadores”.
Otro de los puntos que encendió alarmas es el cambio en las condiciones laborales cotidianas. “La posibilidad de modificar vacaciones ‘de mutuo acuerdo’, implementar bancos de horas o extender períodos de prueba en un contexto de alta desocupación es claramente desfavorable para el trabajador”, señaló Castro. “Ese ‘acuerdo’ es ficticio cuando una de las partes está en situación de vulnerabilidad”.
El diagnóstico se completa con una mirada sobre el modelo económico de fondo. “Se está consolidando un esquema que prioriza actividades de baja generación de empleo, como el sector primario o financiero, mientras la industria, el comercio y la construcción se contraen”, advirtió. Y agregó: “Eso explica por qué, aun con crecimiento en algunos sectores, el empleo no reacciona”.
En esa línea, Castro fue contundente: “En los últimos dos años ya se destruyeron cientos de miles de puestos de trabajo registrados. La reforma no viene a revertir eso, sino a profundizarlo”.
Finalmente, el economista dejó una advertencia política: “Se está avanzando sobre derechos que están protegidos por la Constitución y por tratados internacionales. No es solo una discusión económica, es una discusión sobre el tipo de sociedad que queremos”.
Con un mensaje claro, Castro cerró su análisis con una definición que sintetiza su postura: “No es una modernización laboral, es una regresión. Y los que van a pagar el costo son, una vez más, los trabajadores”.