TRABAJADORES DE LA INDUSTRIA DEL GAS RECHAZAN EL IPC OFICIAL Y EXIGEN PARITARIAS CON EL CÁLCULO DE CABA

El Sindicato de Trabajadores de la Industria del Gas (S.T.I.GAS) reclamó que las negociaciones paritarias del sector se realicen en base al Índice de Precios al Consumidor que elabora la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al considerar que el indicador nacional difundido por el INDEC no refleja el verdadero impacto de la inflación sobre los salarios

El planteo fue formalizado en una nota enviada a las empresas, firmada por el secretario general del gremio, Pablo Blanco, en la que se advierte sobre la creciente distancia entre las estadísticas oficiales y el costo de vida real que enfrentan diariamente los trabajadores. En el documento, el sindicato sostiene que la inflación informada a nivel nacional resulta insuficiente para sostener el poder adquisitivo y garantizar ingresos acordes a la realidad económica.

Desde S.T.I.GAS remarcan que el IPC de la Ciudad, elaborado por el IDECBA, viene mostrando de manera sistemática valores superiores a los publicados por el INDEC, lo que —a criterio de la organización sindical— lo convierte en una herramienta más confiable para la actualización salarial en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

La nota también expresa la preocupación del gremio por la falta de credibilidad de los datos oficiales, profundizada tras las recientes intervenciones en el organismo estadístico nacional. Para el sindicato, la transparencia y la independencia de las estadísticas públicas son condiciones indispensables para discutir salarios de manera justa y equilibrada.

“Sin estadísticas creíbles no hay salarios justos”, señala el documento remitido al sector empresario, en el que S.T.I.GAS exige que los aumentos salariales surgidos de la negociación paritaria se ajusten a índices que reflejen el impacto real de la inflación y no a números que, sostienen, quedan rápidamente desactualizados.

El reclamo se suma a una preocupación creciente en el conjunto del movimiento obrero, donde la defensa del salario vuelve a ocupar un lugar central frente al avance del costo de vida y a la pérdida sostenida del poder adquisitivo de los trabajadores.