LA RECESIÓN QUE DEVORA A LA ARGENTINA: EMPLEO EN CAÍDA, PYMES CERRADAS Y FAMILIAS AHOGADAS EN DEUDA

(Por Tomás Casanova – Para ELDELEGADO) – La crisis económica ya no se mide sólo con índices: se palpa en la calle. En dos años, la Argentina perdió cientos de miles de empleos formales, miles de pymes cerraron y la mora de las familias alcanzó niveles récord. Una recesión que prometía “ordenar” terminó convirtiéndose en el motor de una destrucción social acelerada. Si no hay una reacción política y sindical que frene esta sangría, lo que hoy es presente será, en poco tiempo, la historia dolorosa de un país que dejó caer a su gente.


La economía argentina de hoy es, ante todo, un retrato de vidas partidas. Entre fines de 2023 y mediados de 2025 el mercado laboral perdió cientos de miles de puestos de trabajo registrados, marcando una caída sostenida que golpeó a industrias, comercios y servicios por igual. No hace falta mirar estadísticas para notarlo: alcanza con caminar por cualquier avenida del país y ver locales vacíos, persianas bajas y empleados que ya no están.

El INDEC informó que la desocupación trepó al 7,6% en el segundo trimestre de 2025, pero esa cifra es apenas la punta del iceberg. Bajo ese número se esconden miles de trabajadores “ocupados” de forma precaria, sosteniendo changas o empleos sin estabilidad mientras esperan que la rueda vuelva a girar. Para muchos, ese día no llega.

La otra cara de la tragedia es el cierre masivo de pymes. Diversos relevamientos privados y sectoriales coinciden en que, entre 2024 y 2025, miles de pequeñas y medianas empresas desaparecieron. Algunas estimaciones hablan de decenas de miles de cierres acumulados en distintos rubros: metalmecánica, comercio minorista, talleres, transporte, gastronomía. Cada pyme que se va no sólo destruye empleo: quiebra una comunidad entera.

Los datos oficiales confirman parte de este derrumbe. En el primer semestre de 2025 se registraron miles de empresas que dejaron de tener personal a cargo. Son compañías que existían, funcionaban y empleaban, pero que no sobrevivieron al ahogo financiero, la caída del consumo y las nuevas reglas de juego que terminaron empujándolas al borde.

La tercera herida abierta es la mora de las familias. El Banco Central y los informes de entidades financieras coinciden en un diagnóstico duro: el nivel de atraso en el pago de tarjetas, créditos personales y otras obligaciones se disparó como no ocurría en años. Hogares enteros que antes cumplían, hoy deben elegir entre pagar deudas o comprar alimentos.

Este cóctel no es fruto del azar. Cuando se destruye el reparto de la riqueza, cuando se achica el salario real, cuando se empuja al comercio y a la industria a competir sin respaldo, lo que se obtiene es exactamente esto: una sociedad fracturada que sobrevive como puede mientras la recesión se convierte en un proyecto político, no en un accidente.

La dirigencia política y sindical advierte desde hace meses que sin un cambio profundo de rumbo, la Argentina corre un riesgo histórico. No se trata de un slogan dramático: es la lectura honesta de los números y de la vida cotidiana. Si no hay un esfuerzo coordinado para frenar la caída, sostener el empleo, proteger a las pymes y recomponer el ingreso de los trabajadores, el país puede atravesar un punto de no retorno.

La memoria colectiva será implacable si este camino continúa. Dentro de dos años, cuando miremos atrás, tal vez no entendamos cómo permitimos que un puñado de decisiones mal tomadas, impulsadas por un liderazgo irresponsable y sus seguidores, empujara a millones al precipicio. Una dirigencia que en nombre de la libertad rompió el trabajo, desordenó la producción y puso en jaque la cohesión social.

Pero aún no está todo dicho. El pueblo argentino ha demostrado en su historia una capacidad de resistencia que supera a cualquier estadística. Sindicatos, organizaciones sociales, comerciantes y trabajadores sostienen, como pueden, una red de contención que no deja caer del todo a quienes están al borde. Esa resistencia es real, pero no alcanza sola: requiere decisiones políticas, voluntad y organización.

Hoy la Argentina está en una encrucijada. De un lado, un modelo que destruye empleo, expulsa pymes y ahoga a las familias. Del otro, la necesidad urgente de reconstruir lo que aún queda en pie.
La historia todavía se puede escribir. Pero si no cambia el rumbo, seremos apenas un capítulo más de cómo un país entero fue llevado al límite por políticas que nunca tuvieron en cuenta a quienes todos los días sostienen la nación con su trabajo.